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Ocupaciones

sábado, agosto 16, 2008

Y si... y si. 


Volví a empezar y a todo y a todo. Descubrí la raíz de mi azotamiento y ya por fin todo tiene nombre. Y si... no estoy enferma de algo mortal en los pulmones o corazón y sigo teniendo un huequito entre los dientes.

Sigo creyendo que es mejor alejarme un tiempo de mí... creo que soy muy mala influencia, sigo pensando que fue mejor estar lejos de esto y aquello, sigo temiendo a los nuevos sabores y me da pavor el día que ya nada sea igual.

Pero nada es igual.

Y parece por dentro que ya ni modo y parece también un camino chistoso que yo ni siquiera pensaba algún día siquiera mirar y heme aquí, ya más dentro que afuera y ya más lejos que cerca.

Ya todo tiene nombre y ese se supone es el inicio de las cosas... bueno, siempre es el inicio de las cosas y cuando uno muere es el inicio del fin y el fin... aparece sólo en las películas y los cuentos.

Ya las cosas son de colores, ya no sólo hay morado; ya las mañanas empiezan en la mañana y la noche a la hora de dormir. Ya me cansan las pláticas de nada y nada y las veces de fingir y ser "chido". Yo no soy chida, soy Victoria allá y nadie conoce mi doble identidad repartida entre mundos diversos que no se quieren conocer. Ya no soy nadie nadie, ya no se quien soy... y sí se, sólo hoy no.



 

Los pasos rotos

viernes, julio 25, 2008

Siempre ando tumbos por todos lados, me han enseñado a caminar chueco. Últimamente he hecho tonterías más que de costumbre y es que acostumbro a perder la vida y el alma y todas las cosas que tengo en las manos a la menor provocación.


Yo bailo a solas... bailo sola. Cuando bailo cierro los ojos y procuro no caer, procuro mantenerme linda y equilibrada y sonriente y llena luz... es la única actuación prudente en días hábiles. Las cosas se me salen de las manos como si quisieran alejarse de mi para siempre. Así se fue mi cabello... de mis manos al suelo y del suelo al infinito vasto inmenso tiradero de basura y hoy se pudre junto a unas manzanas que hace un tiempo fueron lindas también.

Soy una azotada señorito, me desquebrajo y quiero pensar que un día destos saldré como un fénix de entre toda la ceniza cochambrosa de estos lugares. 

Adiós pelito, adiós cartera, adiós cochecito y toda esa mierda material me importa tanto... no merezco ser un fénix.

¿Voy a caer o ya estoy cayendo? Me pregunto cada mañana antes de dar ese paso... al abismo... 

Besos robados

domingo, junio 01, 2008

A ciencia cierta no sé qué bocas se hayan quedado con los besos que me quitaron, de esos besos que tenía celosamente reservados para otros labios.

Un día me levanté y salí de mi casa como otros días, pretendí ser alguien más y entonces fui confundida con alguien más. Algún aprovechado, que se escondía tras máscara de amigo intuyó de mi parte que no iba a denunciar el robo. Jugamos a ser alguien más. Yo era una idiota y él un cínico. Entonces pasó, se acercó rápido y furtivo a mis labios pintados del color de una paleta de hielo de cereza. Se acercó a mis labios aun fríos, a mi lengua pintada de muchos sabores, al verano intranquilo que se cocinaba a fuego lento en mi cabeza. Lo hizo y para colmo mal. Me robó un beso y no podía quitarme la sensación de asco y ganas de llorar por lo perdido. Me robó un beso pero tal vez no fue lo significativo, sino que al hacerlo lo haya hecho con tanta displicencia como si no lo hubiera querido desde un principio. La sopa me supo mal ese día y algunos más, quise entonces pretender que nada había pasado pero es díficil jugar a eso... no supe fingir.

No hubo reclamos... no levanté ningún acta ni fui a la delegación, no fui a las cosas perdidas ni a la buenos aires o a tepito a ver si por ahí andaba. No hice nada.

Otros besos robados fueron distintos... los di conciente de que no los recuperaría jamás... pero ese, ese lo quiero de vuelta.

Chimeneas bucales

lunes, mayo 26, 2008

Cuando era más joven, en época de invierno hacía con mi aliento tibio pequeñas nubecitas de vaho por la escuela, por la calle, por la casa... en el recreo, en la comida, en misa... siempre. A veces pretendía ser un tren, algunas otras fumaba un cigarro imaginario que en verdad si sacaba humo. En los viajes largos de carreteras interminables, usaba los cristales del coche como hojas de cuaderno, mi dedo era el pincel y el vaho, la tinta con la que formaba toda clase de sandeces. Varias veces fui castigada por llenar de grasa de piel los cristales, que quedaban empañados por tanta tontería.

Yo sacaba humo y nubes y vapor y cielo de adentro. Yo tenía el universo en las entrañas.

Cajita de cereal

domingo, noviembre 04, 2007


 
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